30
nov
09

El ocaso de un Capocannonieri

 

           Recuerdo como si fuese ayer el debut de Marcelo Salas en el fútbol italiano. Año 1999 y la Lazio recibía al Milan en el Olímpico de Roma, en la primera fecha del Calcio. En los locales actuaron, además de nuestro goleador chileno, Simeone, Almeyda, Verón. Por los rojinegros jugaron Roberto Ayala, Maldini, Bierhoff, entre otros.

            El partidazo, transmitido por Megavisión en ése entonces, terminó en empate a cuatro, algo extraño para ése torneo. Salas, como siempre, debutó a lo grande matriculándose con dos dianas. Pese a su espectacular performance, hubo otro jugador que destacó y opacó el debut del “Matador”: Andriy Shevchenko. Del ucraniano poco se conocía. Salvo que le había anotado tres goles al Barcelona en el Camp Nou por el Dinamo Kiev en la Liga de Campeones del 1998; y que era el traspaso más caro del verano europeo con 34 millones de dólares. Quise ver a Salas y terminé encandilado por el “7” del Milan, que le anotó tres goles al equipo lacial. Fue figuraza.

            De allí hasta hace poco, no sólo se transformó en ídolo del equipo italiano, sino que también en uno de los mejores artilleros del último tiempo, convirtiéndose en el Capocannonieri de la temporada 1999/2000 y 2003/2004 con 24 goles. Con la derecha, con la izquierda, de tiro libre, de cabeza, siempre anotó por los lombardos hasta el 2006, año en que decide partir al fútbol inglés.

            Fue una de las peores decisiones de “Shevagol”. Abandonó el club donde lo había ganado todo: Champions League, Copa Italia, Liga, Supercopa y el Balón de Oro 2004. Era amo y señor, el segundo máximo goleador histórico del Milan con 173 goles en siete temporadas, superado sólo por el sueco Gunnar Nordahl, que en la década de los ’50 anotó 221 goles. Y no es por quitarle méritos al escandinavo, pero en ésa época se jugaba con 4 delanteros, por lo que se hacían más goles.

          A Inglaterra llegó gracias a la gran amistad que el ucraniano tiene con el Presidente del club, el ruso Roman Abramovich. Éste último lo tentó con una jugosa oferta económica a la que no se pudo resistir. Arribó a los blues tras su participación en el Mundial de Alemania 2006.

          Llegó a un Chelsea reforzado, un equipo que había invertido mucho dinero en los últimos años y que tenía por objetivo ganar la Champions League 2006-2007. Allí nadie jugaba para él. Egos, envidias y poca adaptación provocaron que no pudiera desplegar el juego que exhibía en Italia, por lo que la decepción no se hizo esperar ni en la hinchada ni en el histriónico técnico José Mourinho. En dos temporadas jugó 75 partidos, anotando 22 goles. Una cifra paupérrima para su acostumbrada producción.

          El equipo inglés ya no sabía qué hacer con él. Así es como en el 2008-2009 vuelve a préstamo al Milan. Allí nada era como antes y si bien muchos estaban encantados con su vuelta, otros lo catalogaron de mercenario y no le perdonaron su partida. Pobrísimos dos goles en 26 partidos, que sólo sirvió para acortar la cifra que llevaba con Nordahl.

           A mediados de éste año tuvo que volver a Chelsea. Allí no lo querían y aunque tenía ofertas del Calcio (Sampdoria y Roma), decidió volver al equipo que lo vio nacer: Dinamo Kiev, donde ni el dinero ni la fama es como antes, pero el legado dejado en tierras itálicas será imborrable sobre todo para los tifosi rossoneros…me incluyo.

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