La final del Torneo de Clausura la anticipé como insípida, pero no fue tan así. Fue apasionante desde el punto de vista de la previa, del entorno y de cómo se plantearía el partido. El supuesto mejor equipo del semestre, versus el equipo que gana por jerarquía.
Los 180 minutos jugados, mostraron dos cosas: por un lado una decepcionante Universidad Católica, que no mostró ni pizcas de lo que venía haciendo. Que no mostro ni ganas, ni fútbol, ni mucho menos lo que se debe colocar sobre todo en una final: “huevos” (como se le suele decir). Y Colo Colo, que crece en éstas instancias, aprovechó las limitantes cruzadas y apabulló en todos los sectores de la cancha a una UC que no supo contrarrestar el poderío albo. Falta de jerarquía, que ningún jugador de la franja reconoció tras el campeonato.
Y es que este tipo de torneos no sólo premian al que “arrasa” contra equipos de menos prominencia, sino que pretenden reconocer –y con títulos- a quienes se imponen a equipos con gran jerarquía y en instancias decisivas. Allí Católica falló. Que creyó que jugar una final con Colo Colo era lo mismo que jugar una semifinal contra Santiago Morning.
Ya po estoy esperando algo de un comentario del Dakar también